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Perfiles

Mario Llancaqueo : CRISIS

Por Diego Armijo

Algún delgadito libro de poesía y un extracto de un texto de Aristóteles encontré. Lista la elección fueron depositados en el escritorio cuyo dueño —espalda surcada de libros, camisa a cuadros, chaleco de rayas, chaqueta sin mangas, boina descansado sobre su pelo, ya blanco— procedió a sostenerlos en sus manos, como pesándolos, y revisó el papelito escrito por letra dependienta de aquel local con el precio. Sabiendo yo cuánto debía pagar, sabiendo él que no podía bajar el valor al ya ser muy baratos, me miró contando los billetes, al final todos, lo que tenía y pasándoselos. Te dejé sin plata cabro, dijo, creo recordar. No se preocupe le contesté, recibí los libros y me fui. Lo que sí recuerdo es el tono en que aquellas palabras fueron dichas, que a modo de disculpas se ofrecían de intercambio por los libros, esos que le regalaría a mi hermano por su titulación.

Aquel señor, don Mario Llancaqueo, regenta este local, la librería “Crisis”, desde la marca que es la post dictadura. Armada en base al pensamiento crítico, se teje una librería marxista, que no olvida la solidaridad y el amor a los libros, armonizando con música clásica. Pero ante todo, destino chileno, la necesidad.

Nació en Victoria, histórico territorio empobrecido, en una familia mapuche. Debió, para continuar estudiando, venir a Valparaíso, pues muchos lugares más no había. En esta ciudad estudió Periodismo, y aquí la raíz de todo su trabajo con los libros: dice que tenía que viajar a Santiago en búsqueda de las lecturas para sus cursos universitarios, que estando allí, con el libro en las manos, la epifanía: llevar dos o tres ejemplares más, ofrecérselos a sus compañeros, hacerse librero.

Van, desde entonces, 65 años en el trabajo con libros, vida, con local, que se inició con “Siquieros”, en los años sesenta, librería ubicada en avenida Francia.

“Nueva Era”, en los setenta, le continuó. Llancaqueo, perteneciente a una generación aplastada por el golpe cívico militar, vio, aquel lugar de libros, allanado, robado y saqueado en los primeros fétidos aires de la dictadura. “Nueva Era” se ubicaba en calle Condell, emplazamiento que como trinchera fue invadida por marinos, que desde camiones, pesadas botas, quemaron la mercadería del local. Llancaqueo, siempre periodista, recordará un titular en el cómplice diario El Mercurio que alertaba de 8 TONELADAS de PROPAGANDA MARXISTA que fuera incautada en aquella, siempre comercial, calle.

No solo el papel se vio afectado. Él tuvo orden de detención por su militancia en el PC, aunque pudo escabullirse, exilio.

Su retorno a Chile lo ubicó en Santiago, años ochenta, abriendo su tercera librería: “Rucaray”. Se transformó ese espacio en foco de resistencia, de la mano del trabajo que mantuvo en el exilio como corresponsal del diario El Siglo —periódico del PC—, en donde, dice, había un interés central por la construcción de opinión y la calidad de los medios.

Dirá: “Yo soy político. Por eso tengo una librería”.

Volver al escritorio, a Valparaíso. Don Mario, apilado, en permanente ojo hacia la calle y su transitar, el umbral que le ha permitido ser testigo de la movilización social. También, llevarle el ritmo a esta ciudad, Valparaíso, de la que no se opina, dice, porque así, como es, se le debe querer.

Entonces se inicio la “Crisis”, ya en democracia, que frente al Congreso permite el juego de palabras —otra vez el ojo periodista para titular— : “CRISIS FRENTE AL CONGRESO”. Se obligó a ubicar su última librería en aquel lugar, pues suponía que el ambiente parlamentario, la política en las calles, crearía una importante actividad cultural. No tenía cómo saber que ese edificio, vástago físico del anterior Hospital Deformes, se volvería imbunche y que en 30 años solo 3 diputados asomarían su honorable cuello en la “Crisis”.

Esta librería, paréntesis, fue el primer lugar en donde se exhibieron los grabados, aquellos en papel craft blanco, los primeros que Loro Coirón hiciera sobre Valparaíso.

Aunque, salvedad, el nombre recesivo, se debe de igual manera, a las correrías que entre dos dictaduras, la chilena y la argentina, estuvo sumergido. Viajaba al país fronterizo, traía revistas clandestinamente, a modo de matute, siempre de a pocas copias cada vez. Entre esas revistas, una, “Crisis”, dedicada a la literatura, donde escribirán los hombres del boom latinoamericano.  

Corrijo algo anterior, don Mario sí opina sobre la ciudad y su cambio. Dice, molesto, que no es cultura remodelar dos cerros y una plaza. Olvidar el resto.

Se afirma un cartel, entre libros, que marca a su librería como LUGAR VALIOSO, como tantos, está, en permanente crisis. Muchas otras han desaparecido, lo piensa don Mario, por el poco interés actual por los libros, la mala atención de los locales o las distracciones electrónicas.

Hoy, cerrada gran parte de la ciudad, la reja de la “Crisis” con candados permanece. Se ha volcado la venta a lo digital, cuestión en la que don Mario no está inmerso, con mala salud se dice que está. Su hija se ha hecho cargo. No puede observarse entonces aquella gran vitrina ocupada por publicaciones de medios independientes, de temáticas sociales, anuncios de protestas, gritos a las indignidades, haciendo denuncia, informando. Se piensa, estos días diría, con reparos: “APRUEBO. CONVENCIÓN CONSTITUCIONAL”.

*Ilustración de Vladimir Morgado.

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