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Entrevistas

Una historiadora territorialista

Levantar, trazar un mapa, con la voz de los propios habitantes. Abajo, impalpables, hasta que los acompaña su escritura. Acá el trabajo de Vania Cárdenas, quien rescató a la policía borrada de la institución, a las y los pobladores de un pequeño pueblito en el desierto y, en un futuro, quizás a cuántos más.

Por Tabata Yáñez

Corrían los años 60’, una pareja de Nogales, Provincia de Quillota, estaba a punto de experimentar un accidente, no era como si de una catástrofe se tratara en realidad y, hasta ese momento, ninguna otra vinculación más que el Hospital de dicha provincia hubiese existido si no fuera porque se adelantó en nacer, cuenta. En rigor, Vania Cárdenas, historiadora, ha vivido en varios lugares pero hace ya 30 años que habita Valparaíso, así que sí, se aprecia porteña.

Estuvo un tiempo en Argentina especializándose en lo que nos convoca: la historia. Cuatro años después aquí volvió sin pega, sin plata, sin casa ni ningún pituto, combinación que convertida en causa de la necesidad le permitió levantar, desde cimientos biográficos y la oralidad, el proyecto escritural del Valle del Huasco, Atacama (Norte Chico), se titula Tierras blancas de sed: Cartografía oral del Valle de Huasco (Ediciones Inubicalistas, 2020, financiado por el MINCAP). En paralelo, da clases de Historia de Chile y Latinoamérica en la U. de Valparaíso y U. de Viña del Mar. 

¿Cuándo comienzas a interesarte por la historia, sobre todo local?

Siempre quise estudiar Historia pero ingresé a Trabajo social. De vieja decidí volver a encontrarme con lo que me apasionaba. La especialización lleva ciertas cárceles intelectuales y la mía son los estudios de policía, con más de 10 años. Me interesa que el sustento territorial vaya en función de la historia de Valparaíso, yo intento integrar una parte del conocimiento especializado sobre algo con el territorio. La verdad soy bien nueva, el libro de Freirina se puede decir que es mi primera publicación de historia oral/local (que es vista como la hermana chica de la historia oficial, no siempre es reconocida). Entonces, para mí hay un posicionamiento político: desde qué, por qué y para qué estudiamos la historia. Creo en la apropiación del conocimiento y en ese sentido la historia oral ya no es el individuo externo (el especialista) que habla de los otros, sino las mismas comunidades. Postular además la existencia de sujetos críticos, ese es mi interés: la historia de los de abajo, sujetos subalternos, que no vemos en los libros.

Freirina, 1976, plena dictadura

Justamente eso te quería preguntar, del valor diferenciado que tendría rescatar la historia desde el boca a boca de personas comunes. En Tierras blancas de sed: Cartografía oral del Valle del Huasco se dice específicamente “En su escritura, se ha recurrido a relatos de  mujeres y hombres que viven en la población”.

Ese es el principal aporte del libro, y fue un proceso súper inductivo. Sigue las huellas de —por eso el concepto de cartografía— los tránsitos de hombres y mujeres caracterizados en una cultura minera y agrícola. Ellas y ellos transitaron muchos años, en lugares que ni siquiera aparecían en el mapa, luego de un incendio finalmente se sitúan en Freirina el 76′, plena dictadura. El trabajo de las mujeres es un elemento importante porque fueron quienes levantaron las casas, toda esa población no tuvo apoyo de nadie. Ellas llevaron adelante una serie de trabajos, quedaron con sus hijos pequeños en la mitad de la nada, un pedazo de desierto, organizando actividades, rifas, bingos, platos únicos y adobes para construir las primeras cocinas de la población. La investigación me permitió conocer su trabajo invisible, o sea, son más que sujetas activas en la propia construcción de sus vidas.

De hecho es como muy característico del género, igual que hoy, desde el estallido social las ollas comunes fueron impulsadas por mujeres, vecinas de barrio.

Exacto, las grandes movilizaciones, los procesos de construcción social y política históricamente han de la mano del trabajo de las mujeres. No solamente hablo del trabajo no remunerado que se realiza al interior, a propósito de la pandemia, esta triple jornada laboral. Sin embargo, también ha sido en términos organizacionales, las mujeres tenemos un peso increíble, una capacidad de organizar, somos súper valientes. Hay una serie de cualidades que con una cultura patriarcal por supuesto ha sido históricamente invisibilizada.

¿Tienes otros trabajos que rescaten historias de mujeres?

Mira, no tengo mucho porque llevo trabajando más sobre la historia de las policías, que es terrible, a rato ya no lo soporto. Los temas que tengo son de los más académicos y este libro en realidad me permitió por fin trabajar en algo de mi propio interés, con mis propias motivaciones. Incluso, por ahí también con sustento de orden biográfico.

***

Tenía una deuda pendiente, revelará luego, con la familia de su padre asentada en Freirina; varios hijos en tiempos de mucha pobreza no impidió educarlos en la escuelita de la localidad. Con ello, bajo la crianza antigua, se le transfirió el oficio de historiar casi tan particularmente como toda la parentela. “Mi familia tenía una capacidad de armar cuentos”, agregará. Sin electricidad, el fuego se convirtió en el punto de encuentro: 12 críos frente al fogón, sentados en la noche, reunidos para relatar cuentos que hasta el día de hoy rondan cada vez que, ahora de adultos, se juntan. Es parte de la herencia cultural de los pueblos, poesía propia, no de salón ni muy bonita, que recrea memoria, terminará concluyendo Vania.

Valparaíso, siglo XIX

En El orden gañán: historia social de la policía de Valparaíso propones un camino diferente a los que habían predominado, abandonas el clásico relato y tu apuesta va por una historia centrada en los sujetos que se desempeñaban como policías, quienes ocupaban los escalafones más bajos en el puerto, ¿todo va en una cuestión de clase entonces para obtener esa dimensión de la historia?

Pasa que en las policías se replica todo este orden jerárquico con la clase. A finales del siglo XIX, me enfoco en la historia del elemento subalterno no porque piense que ahí está la salvación de las policías ni por querer brindarles un tributo, sino porque en una sociedad como la nuestra, en donde el abuso está institucionalizado, en el interior de las policías en Valparaíso se replica. Ese guardián de policía que ganaba nada, lo obtuve con estadísticas, le pagaban lo mismo que un gañán (en ese tiempo eran los que trabajaban al día). ¿Por qué alguien se mete a la institución si le recompensan en forma tan elemental? Yo creo que es el ejercicio de poder, una cosa más simbólica, no una retribución económica. Por más de un año revisé partes policiales y vi cómo se repetían los abusos de la oficialidad respecto de los otros pacos y de estos sobre el bajo pueblo. Llevo más de 10 años trabajando en el tema y todavía no logro entender por qué, qué hay en su cabeza. En Valparaíso además fue importante la policía porque al ser un puerto principal había que disciplinar, convertir a esta clase laboriosa, engañarla, que funcionara en los márgenes del naciente capitalismo.

Años 20’

Me llama la atención una cosa que dijiste, no sabías por qué las personas ingresaban a la institución pero obtenían una especie de reconocimiento más simbólico que monetario. Me gustaría saber qué imaginario se tenía del paco porque no siempre fue carabinero, sino policía, ¿cuándo se da ese cambio?

Interesante tu pregunta porque precisamente es lo que estoy trabajando ahora, en ese cambio de los años 20 cuando se fusionan las policías y se crea Carabineros de Chile. La imagen, según la caricatura como una fuente de estudio historiográfico, era un tipo borracho, no sabía pararse, le enseñan todas estas técnicas para obedecer a un orden marcial para caminar bien, hablar correctamente, llevar su uniforme aseado, no frecuentar cantinas, burdeles, no juntarse con el bajo pueblo. Lo separan de dónde provenía. No sabía las leyes, bien ignorantes, analfabetos porque no se exigía un nivel de educación. No había tampoco ninguna posibilidad de que la institución sacara sus mejores hombres. Como decía Vicuña Mackenna, la policía se saca desde el mismo espacio de donde salen los bandidos. Eso explica varias de las expulsiones: faltas, robo, violencia.

Esto muta profundamente el año 27’ con la conformación de un cuerpo único denominado Carabineros de Chile. Ahí entonces si uno mira los relatos está el sujeto de aire marcial con vestimenta similar a la del ejército, con formación militarizada que produce mucho temor y rabia por parte de la población porque se conocen una serie de hechos que los involucra, pero aquí había un elemento importante que es el fuero militar, tenían una justicia propia.

Es como lo que pasa ahora, incluso son catalogados como asesinos, está súper presente la discusión de abolir a Carabineros de Chile. ¿Según la historia, es posible?

No lo sé, en general yo estudio la historia, los eventos pasados que permiten comprender el por qué de los presentes pero personalmente creo que no deberíamos tener policías ni carabineros, sino más bien a lo mejor agentes de orden civil, una policía que efectivamente cumpla con sus funciones de proteger, informar, facilitar la vida de las comunidades. Lo que pasa es que el concepto abolir no sé si será posible porque hay un ejercicio de la violencia considerado legítimo para la policía, estos aparatos de orden. Creo en cambiar este exceso de atribuciones por parte de un cuerpo policial, pues hoy día hemos visto que la policía hace lo que quiere prácticamente.

Recuerda una anécdota reciente, de algunos días en la Caleta Portales, cuando vio a una paca con otro paco zamarreando a una anciana. Ella y otro par de testigos pudieron enfrentarlos, “ahí está el tema como sociedad, el control social si no lo ejerce el gobierno, lo tenemos que ejercer nosotros como sujetos activos, por último a los gritos reclamar con un  oye, qué te pasa, por qué tienes esas actitudes abusivas con una abuela. Y por otra parte el tema de género, si no es solamente por ser mujer que está todo bien”.

Es decir, ser paca queda por debajo del género, primero son fieles a su institución. Yo me preguntaba: ¿cuándo es que entran las mujeres?

No sé, porque como te digo mi tema de la policía fue súper focalizado y la verdad es que tampoco me interesa trabajar el tema de género en las policías, quiero salir de esos estudios y dedicarme a trabajar en otras cosas que realmente me gusten y que me hacen sentir bien como en mi libro Tierras blancas de sed.

Entonces, ¿cómo llegaste a trabajar lo de la policía, por qué fue?

Bueno, inicialmente la verdad no quería trabajar sobre la policía, sino sobre el movimiento obrero organizado en Valparaíso y la represión por parte de la policía. Ahí encontré una cachada de documentación, mi primera aproximación fue leer lo que había, las fuentes me llevaron a una lectura evidente: sí, abusan del poder, sí, hay una represión importante, pero ojo que existe esta policía que la historiografía institucional —porque ellos tienen sus historiadores— ha tratado de borrar, para ellos no existen. Es re loco. Conozco varios escritos, dicen “bueno, existieron las policías fiscales” pero como que ellos marcan el inicio de la policía con la creación de Carabineros de Chile. Es una historia que no les gusta, seguramente por eso, no es la historia marcial, pues habla de otro tipo de pacos, de este otro sujeto invisible en su propia historiografía.

Y por lo que yo leí hay re poco de eso,

Poquísimo, de hecho, yo formo parte de una red latinoamericana de estudios de la policía. Cada dos años nos juntamos en diferentes lugares con la posibilidad de intercambiar los avances de la investigación porque en América Latina la investigación sobre las policías es muy reciente, nos remite a los años 80′ y eso tiene una explicación: los procesos de dictadura que azotaron el continente.

Años 30/40

En la literatura en aquella época, ¿cómo representaban a la policía del puerto?

Ese es un proyecto que está más adelante pero trabajé en realidad una vez sobre las representaciones de la policía en el teatro, la caricatura y la literatura. Hay algunos escritos, trozos, de la visión que se tenía de los pacos, algunos escritores policías, por ejemplo Perin Fargeston, historiador policial, además fue una autoridad en dictadura, él tiene escritos del típico policía en la calle, la función policial y posteriormente en los años 30/40 están los escritos de este famoso, que no recuerdo su nombre.

Pienso en Paco Rivano, quien fue carabinero, trabajó en San Antonio aquí en la Quinta Región.

Bueno, sí, Paco Rivano es un personaje importantísimo como escritor policial pero es posterior. Hay un policía escritor creador de la brigada de homicidio de hecho. Es Vergara, por ahí hay unos escritos suyos. Ahora, lo interesante para mi como historiadora es verlo en perspectiva historiográfica, es decir, más allá de la calidad literaria es ver cómo representaban sus funciones. A diferencia de Paco Rivano que su relato no es bien recibido porque finalmente hace una crítica respecto de cómo es la vida del policía. Lo despiden ya que tiene una visión sumamente crítica sobre eso, pero es de los 50, 60′ y recién voy en el 30′. Es un tema interesante, la escritura de policía y desde el otro lado, que van a ir en contra de la legalidad, los llamados delincuentes: la historia del loco Pepe, la historia de El Río de Gomez Morel.

Literatura de abajo.

Claro es literatura de abajo, de estos policías o de estos otros sujetos. Poner en diálogo esa literatura también forma parte de un proyecto para más adelante, no tan enfocado en las policías porque ya quiero cerrar con eso.

Pero de todos modos se les presentaba como los pacos que no eran correctos.

El paco como este personaje que también era parte de la infracción.

Que roba, que delinque.

Claro, que se anda aprovechando, que come y no paga porque es paco. El típico paco que hace aprovechamiento de su figura de autoridad, come gratis, va a la peluquería y no paga, y el peluquero no le dice nada porque, bueno, es el paco. Más menos esa es la idea de esos escritores.

Para esclarecer un poco entonces, esa época de la que tú hablas y la de ahora no hay mucha diferencia entre los pacos, o sea, ¿siguen siendo parte de la infracción?

Depende de las variables que uno tome para identificar estas diferencias, pero en términos generales sigue habiendo un abuso de poder en todas las formas, desde la violencia perpetrada por representantes de una institución hasta el otro funcionamiento abusivo. Y ahí uno ve por qué los pacos no pagan pasaje en la micro, por qué si son trabajadores públicos pueden acogerse al retiro tan jóvenes y tener un sistema de salud solo para ellos. Tiene que ver con ese marco normativo, constitucional, que permite que ellos y ellas vivan en otro mundo. Y por ahí entonces comparto contigo que no ha cambiado mucho.

Para terminar, ¿tus objetos de estudios seguirán centrándose en Valparaíso, en lo local?

Sí, tengo hartas ganas de trabajar en Valparaíso, tengo otra deuda, así como mi deuda nortina con Freirina, esta será porteña porque revisando archivos de policía —le debo muchas cosas a la policía (risas)—  fui sintetizando toda la información que hablaba sobre la vida en Valparaíso en 1890, 1900.  Resulta que ya estoy acostumbrada a leer la forma de escribir policial, tuve mucho miedo de contaminarme, es como una escritura súper plana, elemental, pero que para quien la lee entrega una valiosa perspectiva porque muestra lo que era Valparaíso. No trata de hacerlo como una cosa bonita ni folclórica, tampoco pone más palabras, tiene su correlato positivo: una imagen fría y real de la vida en el puerto de esos años.

¿Escribes solo investigaciones?

Sí, escribo de otras cosas pero las tengo ahí, me da pudor. Me gusta mucho la literatura chilena. Tierras blancas de sed empieza con un libro de literatura, un escrito de Luis Enrique Délano que hablaba sobre los mapas y a mí me gustan los dibujos de mapas, me encantan los antiguos, mirarlos. Y seguramente por eso lo agarré, hablaba sobre el trabajo de los primeros cartógrafos, quienes trabajaban más desde la imaginación que de la ciencia porque no existían los aparatos técnicos, iban en un bote viendo los contornos de un mapa y a partir de ese texto surge la idea de trabajar en Freirina, armar las cartografías de los territorios no dibujadas desde lo rígido, sino de lo que sus propios habitantes iban haciendo en sus paisajes, recorridos. Cuando tienes la posibilidad de escribir siempre estás situada territorialmente, desde lo que eres, tus orígenes, familia, clase social, desde tu adscripción sexual. Todo se va a cruzar y finalmente va a terminar en un territorio.

Retratos de Kika Francisca González.

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