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Entrevistas

Un submarino de poesía

Una nueva revista impresa surge desde dos comunas costeras de la región

Valparaíso y El Tabo. Matías Ávalos y Gonzalo Geraldo, dos escritores de medios impresos y virtuales se unen para crear Submarino, revista que en diciembre publicó su primer número. En él, se despliegan poemas y reflexiones de distintos lugares de la lengua, traducción y una completa entrevista a la poeta, editora y tallerista Julieta Marchant. Ávalos y Geraldo, en conjunto, responden las siguientes preguntas.  

¿Por qué hacer un medio dedicado a la poesía? 

Pensamos que la palabra democracia lleva en sus entrañas una serie de tecnicismos que excluyen demasiadas personas. La literatura (y lo que la literatura permite pensar) fue democratizada por la Concertación, es decir, financiada e impulsada sólo a través de fondos concursables. Después de octubre nos enfrentamos a la pregunta de ¿qué hacer? Lo primero que nos salió fue tratar de socializar en un formato físico, barato y digno, los materiales con los que pensamos.

Nuestro material principal es el poema.

¿Cómo definirían su línea editorial?

La producción de un espacio autónomo de trabajo y deseo que procura tensionar nuestro campo literario-cultural, prestando oídos a las paradojas o brechas de sentido que hace el lenguaje y socializando saberes o formas críticas que transitan del poema a los tipos y espacios en blanco. 

Los contenidos tienen un marcado carácter internacional, ¿por qué?

No imaginamos mejor manera de expresar nuestra inconformidad con los chatos islotes de la crítica, que no sea expandiendo y movilizando formas que trazan parcialmente la escucha de un continente y sus ejercicios de traducción.

¿Por qué eligen un formato de entrevista tan extenso? 

Hay una idea bastante generalizada de que la generación a la que pertenecemos no tiene nada que decir. Pero nosotros nos la pasamos escribiendo ensayos a cuatro manos sobre poesía por inbox, whatsapp o mails con amigos/as o colegas editores/as, poetas, lectores/as, etc. Pensamos que es necesario hacerse cargo de la porción de época que a cada uno le toca, y dejar registro de ese flujo, como cada generación anterior lo hizo; y que sólo a partir de machacar e insistir lo suficiente aparece aquello que da sustento y sustrato a lo que se escribe. En menor espacio la gente tiende a responder superficialmente. 

¿Cómo se trabajó el diseño, considerando que no son diseñadores? 

Del diseño se encargó Matías Ávalos. Tomó un breve y doméstico curso de indesign con su amigo Felipe Román de Trío Editorial. Luego la fotógrafa y diseñadora Paz Olivares-Droguett lo ayudó con el moodboard para llegar a la idea de sobriedad y riesgo que tenía fijada. El resto fue (está siendo) prueba y error, ya que entendemos que el diseño es una disciplina vasta y compleja, pero le tenemos muchísima estima al autodidactismo serio.

¿Cómo se va a distribuir la revista?

Propugnamos una política del Do it yourself ajena al emprendedurismo, de ahí que nuestra apuesta hoy sea la asociación con libreros ambulantes o de provincia como Diego Armijo y Tierra Culta de Copiapó, compañeros editores de las revistas Pesapalabra (Lima) y Rapallo (Buenos Aires), y con nuestro trabajo como canillitas en Santiago y Valparaíso. 

Hay cosas difíciles y el segundo número de una revista. ¿Cuándo proyectan romper esta maldición?

Dicha maldición se rompe con la confianza táctica en el trabajo de la pequeña mutualidad de editores, escritores y lectores que es Submarino. Lo que esperamos refrendar con dos números temáticos sobre la traducción y el pelambre para los meses de mayo y septiembre. 

¿Cómo ven la crítica literaria en la región? 

Se dice, y con razón, que hay pocos espacios pagos para escribir sobre literatura. Los diarios adelgazaron las páginas dedicadas a los libros a niveles extremos. Pero hay algo peor y es la falta de interés que tienen las personas que escriben de libros por producir textos intensos, arriesgados, punzantes, creativos. 

Vemos lo que se hace en la región expectantes de que la gente más joven abandone la asepsia de la objetividad, las ortopedias verbales de la formación académica y la red de seguridad que implica hablar de las 10 editoriales con mejor prensa, y caminen por la cuerda floja de la autoría. 

Algunas personas están en eso, las leemos con atención. 

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