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SOBRE LA REVISTA
El trabajo de dieciocho fotógrafas es compilado en el primer número de la revista Conectadas. Sumado a la propuesta visual, cada autora tiene un texto donde presenta su obra. Conectadas está realizando presentaciones en la región, las próximas fechas son: viernes 19 de noviembre a las 18 horas en el Centro Cultural de Los Andes, viernes 26 de noviembre en Judas Galería y martes 14 de diciembre en Cámara Lúcida, estas dos últimas en la ciudad puerto a las 19 horas. Elegimos para nuestra web la muestra de Ángela Tobón Coral, fotógrafa colombiana radicada en Valparaíso, por su carga de manifiesto disciplinar.
Territorio liberado: los infinitos diálogos entre la fotografía y el feminismo
Propongo imaginar las palabras que compartiré aquí como letras vivas: pueden crecer con el aliento de las preguntas o desnutrirse sin ellas; re-visitarlas es un proceso de creación colectiva esencial en esta crisis sistémica que vivimos.
Propongo también tomar como inspiración, para que emerjan infinitos diálogos entre la fotografía y el feminismo, una frase alumbrada al calor de nuestra sostenida impugnación del rol que fue asignado históricamente a las mujeres: lo personal es político.
Nosotras estamos al centro de un nudo clave en este pacto perverso que es el patriarcado colonial capitalista: la reproducción de la vida.
El ocultamiento detrás de la cultura del amor romántico,del saqueo ejercido sobre nuestra potencia, ocurre de la misma forma que la rapiña sobre el planeta: la imposición a sangre y fuego del paradigma extractivista, que prioriza el lucro por sobre el equilibrio de los ciclos vitales; asunto que se concreta tanto en la existencia de zonas de sacrificio, una de las tantas señales del ecocidio que estamos viviendo, como en la precarización de la vida de la gran mayoría de mujeres en el planeta.

La «feminidad» requerida por este sistema responde a un diseño minucioso, obtenido a través de la aplicación de la violencia en todas sus formas; incluso antes de nacer, ya «valemos» menos. Ese condicionamiento consiste en descuartizarnos física y emocionalmente, cortando el fluir de nuestros deseos, para utilizar esa energía a su favor y, a la vez, desactivarnos como sujetas políticas al reducirnos a la subalternidad. Es por esto que muchas feministas hablamos de continuidad cuerpo/territorio.
Una vivencia común a la mayoría de nosotras, como triste ejemplo de «lo que no tiene nombre», se concreta en el ámbito visual con la venta del producto «mujer», proponiendo un modelo que fomenta el odio a nuestros cuerpos y porta discriminaciones de raza y clase.
Otro campo de explotación medular en la perversión sistémica que vivimos son las labores de cuidado, que nos fueron asignadas en su totalidad después de degradarlas, ocultando que deben ser asumidas colectivamente y que son imprescindibles, dado que la vida humana no es viable sin cuidados.

El ideal neoliberal de autosuficiencia al cien por cien soslaya que somos ecodependientes e interdependientes, para sumarnos al proyecto de consumo del que profita y restarnos de los vínculos en comunidad, los que conspiran contra sus múltiples trampas de sentido vital.
Los distintos feminismos hacemos cuestionamientos sistémicos, sentimos y pensamos desde posturas críticas y nos organizamos con una necesidad de transformación urgente, queremos remecer las estructuras sociales para restituirnosel flujo energético arrebatado.
Reconectar con nuestra potencia creativa es continuar la resistencia y recrear la existencia, de manera colectiva y transgeneracional, contra las estructuras de muerte que nos rodean.
Para quienes expresamos nuestros posicionamientos vitales desde las herramientas visuales, en particular la fotografía, generar experiencias y reflexiones que iluminen lo oculto es desafiar la paradoja de que lo no visto está cada día frente a nuestros ojos y es indispensable. Necesitamos hacer hablar a lo no dicho, encontrar palabras e imágenes de lo que, calladamente, se convierte en fuga de energía para nosotras.

La subversión desde la fotografía tiene la potencia de devolverle al sistema, en uno de los principales códigos con que nos ha querido controlar, una puesta en escena que evidencia sus trampas; la imagen es penetrante, abre las formas y temáticas consideradas «fotografiables» a universos obturados.
Nosotras ponemos el cuerpo, la mirada y la voz en ese lugar oculto: lo innominado e invisible.
Patriarcado, te devuelvo tus ojos, usaré los míos.

Nombre de trabajo de fotos: latirdeletras

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