Aventuras críticas al interior de «Rota: contra-museo de la memoria disidente sexual», abierto hasta este domingo.
Por radiactivx
Parque Cultural Ex-Cárcel, vine a intrusear el not-museo (estará todo agosto). Instalado en el contexto del Festival Trava 2023. Temática: medio siglo desde el golpe; coincidente con la conmemoración del hito de «las locas del 73». Una agitación además, por justicia y reparación histórica, en vida, a les sobrevivientes del genocidio de la dictadura sexual (vigente, por cierto, pero bajo otras lógicas) y a quienes ni siquiera aparecieron en los registros de violación a los DD.HH con los milicos y chicago boys al poder. Prendo un pito para animar mi recorrido.
Me encuentro con un rectángulo plateado. Cuando las ollas comunes de trabajadores sexuales y disidentes, se instalan en la cocina del parque, surgieron debates sobre la idea de inaugurar una placa en memoria de las travas antiguas arrestadas, «desde 1950 a 1990», años en los que varias entraron al centro penitenciario, junto a la famosa «ofensa a la moral y las buenas costumbres». Anhelo colectivo materializado. Metal tamaño carta, letras negras: «Este sitio fue centro de castigo, tortura y reclusión hacia quienes expresaron y vivieron una orientación e identidad sexual diferente».
Tacones, vestidos, periódicos, bellas fotografías, objetos rescatados como testigos del ayer; en vitrinas, en las paredes. Un cubículo con proyección de videos. Textos mustios por doquier, explicando los alcances de la cotidiana dictadura sexual, entre otras teorizaciones. Es bonita la weá, la que lo niegue miente. Lo exhibido es invaluable. Alto compilado de huellas que han dejado colipatos, mariconas y travestis. ¿Puede mejorar? Como todo lo perfectible.
¿Y por qué tanto escándalo? Rota, durante su existencia (dos añitos), ha sido blanco de polémicas. Desde las clásicas acusaciones sobre el manejo de dineros, hasta cuestionamientos morales sobre el motor intencional que tiene esta muestra «monumento al ego», hecha por la controvertida, regia e interesante colectiva Última; quienes comenzaron como otres productores de fiestas más en el océano de la bohemia; luego salieron con esta gracia.

Me concentro en una de las vitrinas donde yace tímida, una colección de libros. Reconozco un ejemplar de Trava Diva. Soy Puto, de la Josecarlx. Los ensayos de la Cerda Punk. Fanzines de Emputesidas, Arroz Quemado, Travestis Rabiosas. Folletines de Sindicalismo Anal. El guion de la recién estrenada Yeguas Sueltas. Bandera Hueca del Che de los gays. Des-ubicá. ¿Macho y hembra los creó? Yeguada latinoamericana. Tengo miedo Torero. De perlas y cicatrices.
Furioso por la distribución (apilados, cuesta ver los títulos que están debajo), pienso que para ser un «contra-museo», mantiene parte de los problemas del museo tradicional: el material no es de libre disposición.
Ejemplares que ni sus autores tienen; títulos prohibidos en bibliotecas opus dei. ¿Qué dicen esos tomos anónimos amontonados?, ¿cómo escribían esas cabras que se paraban en 10 de julio?, ¿cómo se enterará un pobre y triste weco sin ambiente de qué es lo que quería comunicar el folletín, porque no conoce a nadie a quien pedírselo?
Supongo que no tendría por qué ser accesible; así son las colecciones privadas, y el manoseo impide la conservación adecuada para la posteridad.
Poseído por un impulso pirata, pienso empujarla lentamente (benditas ruedas), secuestrar la antología para escanearla y contribuir a su distribución. Pero qué modales serían esos. Tomo registro con el celular.

¿Compartirían su base de datos?, ¿quién sería capaz de hacerlo?
Varias por ahí, tienen guardado el documento (el cuadro, la única copia de la plaquette), para cuando pase; se muere el cola, se mata le poeta, la diva fiestera sucumbe a los excesos. No vaya a ser que a otra se le ocurra el proyecto. Demasiado soñador querer un banco de información, donde cada cual ponga su pedacito de investigación (mejor retener a la gallina de los huevos de oro). No funcionó con la utopía p2p de internet, menos funcionará con los maricones.
Les educades tíes de las izquierdas, dando a conocer sus trabajos, por medio de la exposición de sus compas con la suerte torcida. Nada nuevo bajo el sol. La delgada línea entre lucro, pago justo por trabajo bien hecho, homenaje, figurar, hacerse las lindas, rescatar, extraer, hacerse un nombre a costa de la maricada de estratos sociales de la mierda, construir entre varies nuestra maltratada, perdida biografía colectiva plagada de exilios.
Un mensaje llega: invitadísimo a la «alfombra roja», una de las actividades del festival. Obvio que voy, a mí me gusta la chacota, el brillo y las artes. «El glamour es el opio de los wecos», dijo la otra. Pero ¿qué es eso de la temática «sangre»? Imagino espeso carmín líquido deslizándose por las piernas (como el caballero menstruante que es uno). Al parecer es una alusión al VIH. Les artistas y sus encantadoras metáforas. Llamativo. Igual que ese detalle soberbio de «Las Yeguas de Quillota», enorme foto solitaria, con Organa Feminazi de visita donde las cabras de la cárcel, módulo de diversidad. Pero eso lo sé yo, porque la información que entrega a un costado no explica nada. Es confuso.
«Así son las distopías, inquietantes».
Aunque les dé paja, estas son «ficciones necesarias»: posibilitan dibujar el contorno borrado de nuestras identidades, historias que no nos contaron y siempre quisimos saber; encima forjan el sentido de pertenencia entre todo este polvo espacial que nos rodea.
Dejen de prender velas y erigir santos. ¿Vas tú de visita a la cárcel?, no creo.
Mientras en el camarín vuelan las pelucas, afuera la cosa se pone hostil. Nos están correteando, niña.

Me topo con el rostro de una prima, blanco y negro, allá atrás en el tiempo, con los ojos perdidos, parece triste. Capturada por una cámara. La observo desde el presente.
¿Pondrán mi miserable obra en los museos «disidentes» del futuro?
Estoy volao como pico; parafraseando a la Lilit Herrera, la realidad está intolerable sin sustancias. ¿Y el mundo? en ebullición. ¿Y el lesbo-trans-homo-odio? Avansanding. ¿Y el callampín? Bombín bombín. Kasandra Romanini: «no somos nada».

1 comentario
Sidosochistoso
Agosto 23, 2023 at 2:13 pmMaravillosa crónica de don Nato, maricón conocedor de las vicisitudes propias de quienes no nos dejamos definir bajo una etiqueta normativa.
Más allá de este bonito intento de crear memoria disidente, la cultura y la contracultura son algo vivo, para nada estático y que debiese ser compartido. ¿Logrará nuestro querido poeta que le compartan las obras exhibidas para que las digitalice y las comparta con el resto del wequerío?
Por suerte, así no tengamos patria, aún tenemos poesía ciudadan@s gracias a la pluma de Radiactivx.
Un abrazo a esa Valparaísa diversa, combativa y con memoria.