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Reportajes

Fábrika, laboratorio de rescate tecnológico

Un vistazo a la galería-taller, en palabras del equipo de Fábrika dando a conocer su labor con ocho años de recorrido.

Por radioactivx

Subiendo por cerro Concepción, encuentras piños de turistas boquiabiertos tomando fotos, las estupideces que escupen los desafectados guías, casas coloniales de arquitectura patrimonial. Árboles, aves, galerías. Doblar la esquina en Gálvez; ahí está la entrada al taller.

Como sumergirse en un universo aparte. Tras un recibidor de cuento de hadas: aromas de pinturas y solventes varios, tapizado todo de imágenes, en plena armonía y saturación. Pititi, felino habitante, pasa a mi lado sin mirarme. Cruzo la galería y en el fondo, entre mil herramientas, en la mesa de trabajo, están Amandine Coulombel, Francisco (Pancho) Araneda Roa, y Marta Leandro.

El espacio da cuenta del diverso trabajo gráfico que desarrollan.

En plena, cosiendo, cortando, doblando hojas. Me cuentan que se trata de un libro sobre las memorias de la activista Monique Markowicz. En rescate de un viejo impulso editorial, y una promesa en vida a una sobreviviente de la segunda guerra mundial. Quedé fascinado, y es que es tan bello el libro que mirarlo, tocarlo, es un deleite.

«Nadie se va sin saber cómo está hecha una obra»

Fábrika, tuvo sentido inicial de una manufactura de imágenes, que se ha expandido. Luego de ocho años de trabajo, cuentan con una serie de artículos entre sus líneas de producción; stickers, fotos, libretas, cuadros, y lo que me ha traído hasta acá: fanzines.

El fanzine es la impresión por excelencia de La Fábrika.

Amandine recuerda su infancia en Francia; de cuando su abuelo le llevaba a visitar viejas fábricas, de técnica antigua, grabados y demás. Similares a los que hoy usan en el taller (entre los que destacan el mimeógrafo). Un reciclaje que le devuelve el peso a la fotografía, a la publicación, como un objeto valioso en la dimensión material.

Y el peso simbólico no es menor. El equipo intenta destacar el espíritu de los lugares, comunidades o personas a retratar, qué comunica la representación. «Un poco con la idea de la identidad, mostrar formas de vida que son invisibles».

Entre los tres me van conversando sus aventuras dentro y fuera del espacio. Desde la O.P.A. Kolectiva con la Polera Barricada (una polera del ancho de una calle), la serigrafía pegada por la ciudad, el proyecto en Santa Inés, pasando por Chiloé, o aquella vez de la lluvia de stickers, en tiempo de revuelta-pandemia, donde lanzaron seis mil ejemplares mini, en la Pinto, con la Divina Tota cantando «La gata bajo la lluvia». Fábrika galería y taller, pero también lugar de encuentro y conspiración alegre, de apreciación, y de venta de un arte que llega a conmover de tanto cariño que le prestan.

Una de sus últimas movidas fue, en colaboración nuevamente con la O.P.A. Kolectiva, el fanzine Impresiones de Cocinas Comunitarias Julio-Oktubre 2022, con testimonios que construyen el relato de lo que es el movimiento de ollas comunes en Valparaíso.

Actualmente se están preparando para ir el 20 de noviembre a Bogotá, a ArtBo, sección Libro de Artista, una invitación de Caín Press. Son cinco días de feria, y pretenden llevar muchas obras y publicaciones, en una voluntad de difusión, para la continuidad y expansión de esta potente iniciativa.

Amandine y Pancho, los fundadores

¿Cómo comenzó Fábrika?

A: Fui la persona que vino a visitar este lugar primero. Partimos de cero. Llegué el 2012 a Chile; con un proyecto de documental, tenía que ver con los movimientos sociales de acá. Ese año había movimientos en todo el país. Llegué en ese contexto a visitar a mi abuela. Ella iba a Francia cada dos años, me decía «tienes que venir a verme, allá pasa tal y tal…». Finalmente me quedé. Después de estar encerrada meses en el montaje del documental, me puse a buscar pega. Encontré primero con el Osvaldo Briceño, tiene la galeria Fotocíclope, después con Alberto Lagos en Hiperfocal. Fue una experiencia muy importante en cuanto a revelado fotográfico, porque ahí abrí el taller, revelaba todo el día, y tenía que producir, vender, abrir, cerrar, a la dinámica del «taller abierto».

La diversidad gráfica también responde a la misma de la ciudad.

¿Por qué llevar a cabo un proyecto como este?

P: El motor es la investigación; nos interesa un montón trabajar con las manos. Lo que intentamos es que la estética de las técnicas que ocupamos tenga que ver con los territorios a representar… Donde encontramos la motivación para esto… primero es como una forma de ganarnos la vida. Luego de eso, creemos que visibilizar ciertos afectos de la sociedad ayuda a que todos la podamos entender de mejor manera. A crear sensibilidad y empatía.

–Le pregunto a Marta, se incorporó posteriormente al equipo, ¿cómo es tu relación con el espacio?

M: Es una relación abierta [ríe], llegué por estar vendiendo pan… Era un lugar super agradable, la gente simpática. Después, cuando fue el tiempo de la revuelta, ahí me comenzaba a juntar más con los cabros. Empezamos a trabajar en propaganda juntos. Me quedé sin pega, y ahí me invitaron acá. Acompaño más que nada su producción, colaboro en el trabajo sucio [ríe].

Laboratorio experimental de técnicas y búsqueda

–¿Cómo describirían la investigación que se lleva a cabo?

A: Es una experimentación sin fin. De hecho tenemos que ponernos frenos a veces, nos embalamos, descubrimos algo y queremos probar, incorporarlo en todo. Ese espíritu nos hizo descubrir el mimeógrafo, nuevas formas de activarlo, porque hay que buscar con los materiales actuales las formas que se puedan activar esas técnicas antiguas, un cruce super interesante. Ahí descubrimos que muchos fueron destruidos durante la dictadura, un objeto por el cual te podías ir preso. Actualmente tiene caleta de sentido sacar el mimeógrafo a la calle, y que todos participen en la impresión. La experimentación no siempre llega a puerto. Le decimos: los misterios. Como que hay cosas que a veces lo haces de una manera, y te funciona, después no te funcionó nunca más.

P: Lo interesante es lo que podai hacer con la técnica, y qué reflexiones puedas llevar a cabo a través de ellas. Pienso que de esa experimentación cada uno va desarrollando su propia manera.

Dicen trabajar con imágenes originales de la ciudad. ¿Cómo son escogidas esas imágenes?

P: La mayoría de las fotos que están acá son parte del recorrido que hacemos de acá a la casa, los lugares que frecuentamos. De hecho, escenas de vida, no hay ninguna acá. Al final este cerro ha perdido la identidad local. Del habitar. Para hacer esas fotos de escenas de vida de la gente tenemos que salir de acá. Eso habla harto de lo que hemos perdido… Hoy se crean imágenes o impresiones todo el tiempo. Entonces tiene que ver un poco con detenerse y pensar qué vale realmente la pena, que perpetúe, que se quede. Igual sientes como una responsabilidad.

El pop se reproduce al infinito también, en parodias que recuerdan: imprimir o morir.

Si «uno es lo que hace», ¿qué serían ustedes dentro de Fábrika?

M: Yo soy obrera [ríe], igual estoy en la sección «investigación y desarrollo». En el «sindicato» también [ríe].

P: Es algo que nos hemos preguntado, y nos da risa. Cuando viene la gente tení que presentar el trabajo, y a veces terminas hablando de cosas nada que ver. Pero acá todo tiene que ver con mostrar algo. Si son los fanzines, la propaganda, la serigrafía que imprimimos, las fotos que revelamos. Igual nos consideramos ñoños de la impresión [ríe].

A: No es fácil de definir, a nosotros mismos nos cuesta presentar el proyecto.

¿Cómo opera ese «hacer» dentro del proyecto?

A: Nos esforzamos caleta para abrir todos los días, atender al público, captar la atención, vender también, hay que sostener la economía del lugar. Acá pagamos cuentas y arriendo, no tenemos un auspicio, no hay mecenas. La venta del arte es nuestra forma de remunerar todo.

P: Es lo más desgastante del proyecto igual, enfrentarte a un público… uf, no sé, de repente te pusiste sensible con algo que estai haciendo, es algo que te toca el corazoncito, y te encontrai con alguien que no está ni ahí con nada.

M: Eso tiene que ver con la cultura del consumo, de la mayoría de la sociedad, encima no toda la gente que anda paseando por cerro Alegre, cerro Concepción, como que tiene otra cultura, no saben cómo recibirlos, están acostumbrados al inmediato.

Sus primeras impresiones escritas son: propaganda, fanzines y poemarios. ¿Cómo aparece el texto en Fábrika?

P: Llegamos en la búsqueda de otro lenguaje. La forma en que trabajamos las publicaciones acá, han sido colaborativas; es un ejercicio bacán, para recoger diferentes impresiones de temas particulares. Antes de comenzar con el taller tuvimos como un pseudo intento editorial, pero que no funcionó.

A: Fallamos en que no teníamos ningún ahorro. No podíamos comprar máquinas, papel, nada.

P: Habíamos hecho un modelo de negocios, pero los escritores no tenían plata, y nosotros no teníamos plata [ríe].

El rescate de técnicas de impresión previas a la masificación del offset es uno de los sellos de La Fábrika.

A: Con un poco de paciencia se han ido cumpliendo los sueños… Por ejemplo, un amigo hizo un fanzine sobre sobrevivientes de trauma ocular, nosotros lo imprimimos, le pasamos ejemplares a él, aquí vendemos ejemplares para financiar la impresión, y así no tiene que pagar, tiene material para distribuir en otra parte.

P: Creo que igual esa es la misión de las microeditoriales, como dar esa capilaridad al territorio, de poder llegar donde esas personas, y esas mismas personas si van a una editorial, o a una imprenta, no te van a pescar con el proyecto, a menos que puedas pagarlo. Dan esa oportunidad, de que se realicen.

En medio de tanta imagen, ¿qué importancia tendría el objeto fanzine?

M: Encuentro que un fanzine es mucho más valioso que una «revista internacional» por ejemplo… En el mundo de las artes hay distintos tipos de publicaciones; el fanzine es más transversal, tiene que ver con esa capacidad de ser un objeto específico, pero si tu querí, también lo puedes reproducir, se puede transportar fácil, multiplicar, son super un modo de compartir ideas, mostrar de todo. En Chile es super caro comprar libros, comprar revistas. Tiene que ver con el estatus. Después el fanzine se tornó mal visto, por esa cosa de fotocopia, de reproducción chanta.

El libro de Monique, abuela de Amandine, en teoría, es el libro fundacional de «la editorial». ¿Cómo se levantó esta idea?

A: En el 2014 estábamos full hablando de este proyecto editorial. Mi abuela ya estaba escribiendo. Nos encargó la edición de sus memorias. Pero no sabíamos nada, las máquinas son muy complejas, teníamos que aprender muchas cosas más antes de llegar a esto. Fueron cinco años de trabajo, desde cero. Encuentro que es super importante, la experiencia de ella nos enseña a todos nosotros. Cuando era niña vivió la segunda guerra, de una familia judía, sus padres tuvieron que huir de Polonia. Explotó la guerra, y se tuvieron que esconder. Ella con seis años estaba escondida, de los nazis, temiendo. Terminó la guerra y se dieron cuenta que todo el resto de la familia había desaparecido.

Los documentos personales también son claves para el trabajo gráfico de las publicaciones.

Comentan que todas las personas que la conocieron les daba una sensación de que ella era una «maestra».

A: Cuando hubo el golpe en Chile, ella se metió en todas estas asociaciones de acogida de exiliados. Empezaron a levantar campañas en oposición a lo que estaba pasando, también para juntar lucas y que la gente pudiera viajar y estar en seguridad. La dictadura era algo que se debía combatir desde aquí. Ella decide quedarse, y conformar la comisión de derechos humanos en Valpo porque no existía aún, solamente había sede en Viña.

Tiene un lado en español y al reverso, otro en francés; viene con un sobre con estampillas, sellos, postales, una receta; la reproducción del material complementario se ve muy real. Comentan que sólo se armarán cien ejemplares. ¿Por qué?

M: Estos libros son una edición limitada. No es un objeto que se vaya a vender. Se van a entregar a la lista que ella tenía.

A: Ella no quería que fuera un producto. O sea, quería que fuera íntimo, una distribución de manos a manos. Hizo una lista que no llegaban a cien, pero hay algunos ejemplares que se van a entregar a agrupaciones en las que ella trabajó, bibliotecas populares. Empieza por su infancia; tiene algunas gráficas de mayo 68, que también se ha usado en propaganda de O.P.A. El sobre es una idea de una publicación que le gustaba a ella, que se llama Resistance. Cuatro tomos, que recopila información sobre la resistencia en Francia. Uno de esos tomos tiene esos sobres con un índice que cuenta lo que contiene, afiches, panfletos, portadas de diario, etc.

(*) Fotos de Kika Francisca González.

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