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Reseñas

Territorio e influencias en la narrativa latinoamericana, reseña a Materiales desplazados.

Materiales desplazados: Diez ensayos sobre las condiciones de la representación en la literatura chilena, Varios autores, Narrativa Punto Aparte: Valparaíso, 2020. 175 páginas.

Por Silvana González

En un primer planteamiento, este compilado de ensayos escritos por distintos académicos/as en literatura Hispanoamericana a cargo de Juan José Adriasola y Luis Valenzuela, quiere hacerse cargo fundamentalmente del lugar desde donde se posiciona la representación espacial, político-económica; y también en torno a lo real dentro de la narrativa latinoamericana y chilena. El resultado, contribuye primero a la cultura ensayística, luego, al entendimiento de una esfera bastante más amplia, que termina bifurcando el camino inicial de la representación ligada a lo hegemónico, hacia una apreciación de un residuo abstracto y físico como material sobrante de este proceso.

Históricamente los ensayos se eslabonan desde la revisión de unos prematuros acercamientos, como es el caso de Alonso de Ovalle, en donde la lejanía con el lugar del cual se establece una narrativa, termina por deformarla. La intención de vincularse con Europa, en una implicación colonial, transforma su escritura en una que exotiza su terruño.  Sin embargo, tiene la intención de evidenciar una red intelectual por medio de la cita interna, y situar desde allí una precaria pero existente literatura local, validándose primeramente en Europa e intentando por esa vía, validar a Chile. Es cierto que Andrés Bello en sus postulados para reformar el alfabeto, intentó adecuarlo para su aplicación dentro del contexto, y pese a que no todas las reformas fueron aceptadas, la intención de generar una identidad del territorio nacional surge al igual que en los alcances de Ovalle.

El eslabón que une el afluente conceptual del estudio en las obras de literatura chilena, es la consecuencia de ese elemento colonizador en la cultura. Así una corriente determinista y mimética de los escritores del siglo XIX, en su discurso criollo, se percibe como el encargado de proporcionar un retrato que luego en el tiempo se verá diluido por la búsqueda fuera de la norma introducida. Alberto Blest Gana por ejemplo, realiza un cruce entre dos obras, a raíz de una situación que se ve enaltecida en una ─Martin Rivas─ y degrada en otra, ─desplantados─. Al variar el contexto; un oligarca chileno en Europa, pierde su valor. De esta forma se entreteje el desapego progresivo de esa identificación colonial.

La literatura, Influenciada posteriormente por una modernidad que consume tanto territorios como relaciones sociales, deposita tras de sí una carencia, un abandono; y la idea del residuo se hace presente en los textos para explicarla.  La consecuente introducción del capitalismo en las lógicas de las ciudades genera que, si no se adecúan, se ven desplazadas por un ritmo que explota los recursos y detona a su alrededor un ambiente de precariedad. Se hace patente, al reunir las ideas condensadas en varios de los ensayos hacia el final, una triangulación entre el paisaje colonizado, el abandono del paisaje natal y el ascenso social al dedicarse a la explotación del suelo. Destacan así en las narrativas, la vida de los humildes y desamparados.

De esta manera, cada vez se hace más presente un trozo de corporeidad y no tanto un paisaje, en las temáticas que se van desenlazando en escrituras posteriores del siglo XX como la de María Luisa Bombal, Augusto D’Halmar y María Carolina Geel. Estos últimos son mencionados como un quiebre en la escritura, cuyo enfoque es la intimidad y la cimentación de una cultura que representa valores a veces también marginales. Inclusive una cita literaria y criminal es dada entre Bombal y Geel cuyos expedientes se espejean y generan la ruptura de esa misma intimidad de la autora en relación a un público ahora mucho más presente. Y ese es otro signo del capitalismo, la intimidad se ve transgredida en función de una mercantilización.

Hacia el 2019, de la mano de biuty Queens, aparece nuevamente el cuerpo, o más bien, la ausencia de este. La intimidad de uno destinado a la desprotección y a la falta de estado son herencias de ese consumo del terreno. Las minorías, ─como ese silenciado personaje en Pasión y muerte del cura Deusto, de D’Halmarposeen un carácter mítico. No es el retrato de una sociedad, sino su expelente en busca de vivir bajo la sombra. Parece no haber un lugar; el cuerpo se desecha por no pertenecer a un ordenamiento biológico.

“Nuestro propósito es pensar la representación de las precariedades anónimas, la carencia y la deflación en las posibilidades de su aparecer. Nos preguntamos ¿qué o quiénes son esos cuerpos y cómo se escriben?”

Nicolas roman gonzález

El recorrido realizado, centra cada vez más el discurso en una posición ejercida por los autores, al momento de narrar desde una escena secundaria, mediada por estas obsolescencias que genera el capitalismo. No solo son cuerpos los que se desechan, sino que todo un territorio se configura en torno al residuo, a la basura y al abandono. Natalia Berbelagua, Daniel Hidalgo y Cristóbal Gaete son referenciados como contestadores a la pregunta ¿Qué hacemos con el residuo? Al replantearse todo lo que ha dejado la ola colonizadora, los posteriores arraigos de esa cultura tienen consecuencia en la forma de convivir actualmente con esa carga. Cuando todo ha sido consumido, lo que queda, y así lo demuestra el lugar de las narrativas contrastadas, es un espacio que permite observar la falta de identidad en un territorio narrado en distintas épocas y que convergen en la construcción de una imagen contextual.

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