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Reportajes

Impacientes de la UME: un taller de escritura en El Salvador

Partió como un fanzine de cuatro carillas que vendían a $100 afuera del Roma. El taller de literatura de la UME lleva catorce años funcionando con y sin financiamiento, firmes en la sanación por medio del arte y de la visibilizacion de los deseos, sueños y vidas de sus participantes.

Por Silvana González

Comienzan rápidamente a organizarse las mesas. Nos sentamos con una cerveza en mano, arvejas en la otra, inaugurándose ante esto una atmosfera de tensión, gritos y risas. En la mía hay muchas cervezas, pero ningún ganador. No importa la estrategia que utilicemos en este bingo: quedarnos con el primer cartón elegido, cambiarlo, comprar dos para duplicar las posibilidades de ganar. Los únicos gritos de línea o bingo se acumulan en la mesa de atrás. Yo no pierdo la esperanza, quiero el de Gabriela Mistral: Doris, vida mía. Nada en mi cartón, nada en mi mesa, nada en mi vaso.

Cuando empiezo a deprimirme, llega la esperanza con la primera lectura que acompaña nuestra poca suerte. Es un texto que alguien escribió en el taller de escritura que se realiza en la UME del hospital psiquiátrico El Salvador, para el cual irán las ganancias del bingo. El texto habla sobre las reflexiones de quien no recuerdo el nombre, sobre su encierro y sobre Dios. Va transitando en torno a lo que entiende por ese reunirse que, con el propósito de conexión, buscan algunas personas. Lo que me parece bello es que pudo describir sin prejuicios un encuentro de oración: «Él se manifiesta en grupos de creyentes cuando estamos contentos.» Mientras las pastillas lo adormecen, ese encuentro es una pequeña salvación.  Fue marino años antes de escribir el texto.

No recuerdo sensación más injusta que ir a Las Torpederas en verano y, entremedio del mar, suspendidas en sus olas, sentir goteando las miradas en lo alto del cerro. Son de quienes poseen la playa sólo en sueños. Desde allí se pueden ver las manos aferradas a las rejas, movimientos circulares de cuellos que buscan a saltos acercarse un centímetro más al agua. En los recreos de El Salvador, el mar es una relación tóxica entre apreciarlo cada día y no poder tocarlo. Otra injusticia es que las veces en que algo tan brillante como el océano pueda permitírseles, es en reducidas instancias durante la semana. Este brillo proviene de los talleres que se les realizan por fuera de la institución. Los que se desarrollan por dentro, si bien son un descanso en la rutina, dan por sentada la creatividad: cortar papelitos solamente puede ser un desesperante placebo.

Los impacientes

Juan Arellano y Raimundo Nenén fueron los fundadores. Ambos «simpatizantes de la locura», tuvieron la iniciativa el 2008 como alumnos de castellano de la vecina Universidad de Playa Ancha, en el marco del optativo Lectura y Escritura Creativa. Presentaron el taller de escritura a la comunidad educativa del hospital. Con el tiempo notaron que la necesidad no sólo era comunicativa, sino afectiva, económica y ocupacional. Esto, más la enorme cantidad de textos e imágenes producidos en el taller, fueron fundamentales para que naciera la revista. Ella permitió satisfacer las necesidades económicas en una íntima y la pedagogía, las necesidades afectivas.

Si bien Juan y Raimundo ya no están presentes, Daniel Tapia y John Uberuaga continúan las labores del taller y, pese a que la revista no se ha editado desde hace un tiempo, han estado trabajando en un Instagram que exhibía los textos (que fue dado de baja) y editando el próximo numero de la revista. También organizan eventos –como el bingo a beneficencia– para seguir recaudando dinero.

John, profesor de Lenguaje de la Universidad Católica, cuenta que su ingreso fue desde la búsqueda de hacer clases en lugares en condiciones de encierro, como cárceles y el SENAME.

S: ¿Cómo es la Unidad de Mediana Estadía en el hospital? ¿Van rotando las personas?

J: La UME era una especie de tiradero en un principio: había personas en situación de calle, de la Cruz Roja, por ejemplo. Actualmente está mejor, recibe ayuda estatal directa. Quienes están allí pueden optar a visitas, paseos, facilidades municipales, algo que en otras unidades no existe. Incluso la calidad de los medicamentos es mejor, por lo cual los internos están mucho más despiertos. Pero pese a ser un lugar de estadía media (tres meses), hay quienes ya llevan tres años. La familia descansa de la esquizofrenia, las obsesiones compulsivas, las enfermedades hereditarias al dejar a las personas aquí.

Asistí de manera online al taller. Gestionar visitas es difícil y requiere de permisos. Sobre este taller de dos horas, observo una modalidad estructurada y ceñida a los tiempos. Les alumnes parten emocionados por conocerme, ya que alguien nuevo les resulta intrigante. Se turnan para preguntar cosas como: «¿Quién eres? ¿Qué es lo que más te gusta hacer?» Cuando termino de contestar, John parte hablando sobre la poesía haikú. Hacen muchas acotaciones y están motivados. Alguien le pregunta sobre los temas de esta poesía. Daniel contesta que la naturaleza, los paisajes. La mayor característica del haikú es la brevedad de los enunciados. ¿Qué más en la estadía por la UME podría ser así de breve?

J: La metodología del taller es elegir a un autor y, en base a su escritura y técnica, realizar un ejercicio. Las temáticas son una excusa, lo que a ellos más les interesa es ver sus escritos en cierto plano de la realidad. Los escritos de la clase son editados sin vulnerarlos y se llevan impresos al siguiente encuentro. A diferencia de otros talleres literarios a los que he asistido, aquí la espera es por el turno de escuchar, cuando en general siempre se busca hablar y ser escuchado. 

S: Además de esta diferencia, ¿cuáles otras ves en relación con lugares de encierro en que hayas trabajado?

J: Hay un gran apoyo contextual, a diferencia de la cárcel, que es más competitiva. El apoyo es mutuo, se cachan los síntomas. Hay una empatía-solidaridad. En términos de taller, se respeta la palabra, hay opinión y, a la vez, un círculo de contención. La cárcel, por ejemplo, te afecta, porque la intimidad lograda es sobrecogedora, existen confesiones tan fuertes que no las he podido olvidar hasta ahora. Además, en La Pólvora (módulo del CET: los que van de salida) había una disposición distinta, pragmática, las necesidades son de reincorporarse social y laboralmente.

S: ¿Y algo en común?

J: El aburrimiento. Es algo que puede matar a una persona. Cualquier instancia distinta en la rutina termina siendo un favor gigantesco.

S: ¿Hay algún texto producido en el taller que recuerdes especialmente?

J: Un relato de un cabro sobre el estallido. Un día bajó a la calle, sin saber nada, en su mundo, y se topó con los saqueos. Se metió a una farmacia y los medicamentos que no pudo robar se los tomó. Al salir, en un estado de aturdimiento, una micro lo atropelló y su cuerpo voló cinco metros por el aire. Contaba que lo que te mata al ser atropellado es un shock sistémico, pero él estaba tan drogado que no sintió nada. «Ese día, en vez de morir, me levanté y fui al hospital.» Justo el accidente fue al lado del Van Buren.

Cuatro secuencias

El bingo continúa viajando por lecturas que parecen adecuarse al sentimiento que existe de trasfondo a los gritos de alegría. Por ejemplo, alguien recuenta en su lectura los suicidios de escritores y escritoras. A lo mejor a estos también les hubiera venido bien evaluar su salud mental. Hubo alguna vez un escritor que fue encerrado en un hospital psiquiátrico por denunciar en sus trabajos la hipocresía de su época: el marqués de Sade. Fue retratado en un metateatro de 1964, realizando una obra de teatro en conjunto con sus compañeros de encierro. Trataba sobre la muerte de Marat, «amigo del pueblo o enemigo de la libertad», en sus propias palabras. Hay otra típica película gringa que se adentra en un hospital psiquiátrico; la moraleja es sobre cómo el protagonista parece ser el único forzado a permanecer, mientras los demás están allí por su cuenta o bien no comparten el anhelo por marcharse. Otra película que recuerdo, King of Hearts, muestra un psiquiátrico volcado a la ciudad, en donde cargos como la alcaldía han sido tomados por los internos.

Me pregunto entonces, ¿los internos e internas son personajes que sólo pueden representarse o bien pueden crear desde la realidad? En Marat/Sade la respuesta es sí. El talento y la creatividad pueden venir incluso desde el adormecimiento. En cierto caso del cine B italiano de los noventa (Claudio Fragasso), sucede que la mejor actuación, incluso brillante, es la de un campesino que fue interpretado por un interno en su salida dominical. El actor, Don Packard, dice en una entrevista: «El problema con tener desorden mental es que no importa qué tanto te recuperes y vuelvas a la normalidad; cuando le dices a la gente que tienes un trastorno, siempre te van a tratar como un trastornado.»

Al leer los textos de la revista, encuentro humor-imaginación desapegada del cotidiano. A veces no, a veces el cotidiano aparece de manera testimonial. También hay miedos. Los que más surgen son a la catástrofe, al desapego momentáneo de realidad, en la cual buscan distintas formas para anclarse. Entre ellas, el consuelo de Dios o esas mismas personas que les cuidan día a día. Escribir es una forma de sacar los fantasmas afuera.

Esto cambia la dinámica de ser constantemente observados, pero no escuchados. Un texto en ella me esclarece esto: existen tal como una granja de hormigas, con gente por fuera interpretando sus señales. Pero el lenguaje los aísla ¿Cómo podría ser este medio de comunicación una diferencia? Entiendo –gracias a otro texto– lo que le pasa a alguien que conozco. El no querer tomarse las pastillas. El miedo a que se extinga la posibilidad de compartir con sus propios fantasmas, que son los únicos que los acompañan de verdad.

Cuando ni siquiera las paredes pueden poseer objetos (sólo pueden permitirles un reloj), debe ser difícil imaginar.

Uno de los números que sacó la revista en su etapa anterior.

El cometa detrás de las imágenes

El Cometa Ludo fue el diseñador que trabajó en la revista en su época más activa. Me da su teoría sobre las paredes en blanco: debe ser un espacio desprovisto del exterior; una manera de sanar puede ser la omisión de la realidad. Ilustrador y diseñador autodidacta, toda la gráfica de la revista es suya. El arte es de los mismos internos, más algunas imágenes de internet. Luego de 2012, la revista nunca más ganó el fondo para realizarse. Piensa que, al ser marginal, es un tema que no presenta interés para todo el mundo.

S: ¿Cómo ejerciste el diseño dentro de la revista?

ECL: Yo visitaba ocasionalmente el taller. Las revistas salieron por editorial La Picadora de Papel, la cual fundé en 2007. Los dibujos me llegaban hechos, en muchas hojas reunidas, las cuales los cabros fotografiaban y escaneaban. Se hacían sesiones nocturnas editando la revista en el PC, armando la idea de que la revista fuera fresca y no empaquetada. Nunca consideramos un estilo de diseño, pero sí que fuera mutando en muchas tipografías y títulos. Harta estética bien punki; collage, recorte.

S: Los dibujos que te llegaban ¿qué te producían?

ECL:  Es sensible el tema. Cuando iba, salía mal de las sesiones. Es raro porque hay una distinción entre las personas que estamos afuera y las de adentro, pero yo veía los mismos sueños, los mismos discursos. Los dibujos venían de un lugar de mucho abandono, pero en los textos los anhelos que se plasmaban eran ver al ser humano igual que cualquiera. No sé si es correcto, pero me causaba tristeza ver la frustración del no poder salir. Se supone que es positivo que estén ahí. Artísticamente había gente con mucho talento, tal vez no en el dibujo, que eran en sí muy expresivos, pero sí en la literatura.

Tanto Daniel Tapia (quien lleva más tiempo realizando el taller, con o sin financiamiento, y que me facilitó todos los archivos) como El Cometa hablan de dos eventos que han removido al taller. El primero es la reciente baja de textos de Instagram por vulneración a los derechos de los internos. Fueron órdenes de arriba. El otro es en relación con una publicación de la revista:

ECL: Hubo una revista sobre el tema del sexo y los parientes de un interno o interna hicieron reclamos al hospital. No hubo enfrentamiento directo, pero sí malestar y cuestionar por qué se publicaron esos textos. Es la situación del consentimiento de personas que son adultas, pero están recluidas en una especie de tutoría. Eran temáticas que ellos mismos proponían: fugas, drogas, que son delicadas.

»Ellos viven completamente drogados. Yo veía ese «peligro» en las personas, esa transformación a medida que estaban más tiempo en reclusión: finalmente, las drogas legales los hacían cambiar. Y eso era un tema. Cabros que llegaban en situación de calle, por problemas con drogas, llegaban lúcidos y luego de un tiempo ya compartían esa mirada perdida, esas conversaciones a la deriva.

S: Respecto a la omisión de símbolos en las paredes, ¿cómo recuerdas el lugar las veces que asististe al taller?

ECL: Hay una sensación claustrofóbica y un poco fría, al estar las paredes desnudas de símbolos. Debe ser una forma de desconexión del mundo de afuera. Algo que me llamaba la atención eran las estructuras de poder del hospital, a veces en tratos hostiles o con cierta distancia. Recuerdo las reincidencias de personas que volvían a la unidad. A la vez había mucha ternura y relaciones especiales entre los internos. Al verlos era como mirar la sociedad a escala, es decir, se ve de todo.

Respecto a los internos, Daniel Tapia también reconoce esa unión que se produce entre los internos. Respecto a lo aislados que puedan estar o sentirse, responde:

D: Por una parte, se sienten aislados de la sociedad por el encierro; por otra, y aunque nos cuesta hacerlos sintonizar, el lenguaje siempre logra la unión. Desde el hecho de que puedan conversar e interactuar, discutir sus argumentos o crear neologismos hasta lo que más nos enorgullece: creaciones literarias llenas de fuerza y sinceridad.

S: ¿Cómo se toman los alumnos la posibilidad de publicar en una revista?

D: Pienso que no lo dimensionan a cabalidad. Al mostrarles los resultados anteriores estaban sorprendidos. Les entusiasma el hecho de ser leídos por otros que desconocen su realidad. Desde hace años la revista no se ha publicado por falta de recursos, además de otras gestiones de autorización. Esperamos resolver esto pronto para aparecer de nuevo lo antes posible.

La Revista de Umenidades funciona como un medio en donde la UME tiene una voz, por ejemplo, al hacer peticiones que no estoy segura si llegarán siempre a su destinatario, pero al menos aparece una posibilidad el ser un remitente. Aunque no gané nada en el bingo, sí gané la oportunidad de asomarme desde mi ignorancia a este espacio oculto tras las paredes de El Salvador.

Una parte del texto favorito de Daniel, de una interna que terminó con su vida, dice: «He encontrado algunas notas de mis años ya, donde lo único que hacía era pensar en volar. Creo que lo hice, pero aún me siento mal.» Si no existiera la revista, no existiría esa huella de quienes no dejan de existir sólo porque no los vemos. El hecho de este mismo bingo, del postular a un fondo algo que es un tremendo aporte a la sociedad, no debería depender del azar; es algo que pienso, debería estar garantizado. El apañe tanto de los alumnos que se motivan a participar como de los profesores es lo que mantiene vivo este taller y lo que dará vida nuevamente a la revista.

(*) Ilustraciones de Vladimir Morgado.

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