Su participación en el CNTV, sus libros y sus trabajos, ahora desde su nuevo hogar: Playa Ancha.
Por Diego Armijo
Desde hace un año Daniela Catrileo vive en Valparaíso, corrige, en Playa Ancha. En este extenso cerro es donde hoy habita la poeta mapuche, autora de los libros de poesía Río herido (Edícola, 2016), Guerra florida (Del Aire, 2018) y El territorio del viaje (Edícola, 2021), como también del libro de cuentos Piñen (Pez espiral, 2019). Junto a sus libros también la acompañaron sus otros trabajos y actividades, que la han tenido ocupada, pero ahora con vista al mar. Ahí pueden comentarse su participación del colectivo Rangiñtulewfü, la revista Yene, la serie documental Archipiélago y como parte del Consejo Nacional de Televisión (CNTV), espacios de los cuales conversamos.
Nos juntamos en un café cercano a su casa y aprovechando la terraza, que nos permite menos interrupciones para la grabación, nos cubre un día abochornado y bastante frío. Es de ahí que se nos da el conversar sobre el clima.
—¿Cómo ha sido aclimatarte a Valparaíso?
—La verdad es que yo amo Playa Ancha. Tengo un lazo con Playa Ancha, porque antes de vivir aquí venía bien seguido. Creo que una de las cosas que más me gusta es el silencio de este lugar. Cambié un departamento en el centro de Santiago, que con la pandemia fue un lugar que dejó más secuelas de lo que aportó en mí. De pronto venirme acá ha sido descubrir también otro territorio porteño, que no es tampoco el imaginario de muchas personas. Cuando uno plantea la ciudad de Valparaíso, la gente ya tiene preconcebidos imaginarios de lo que significa. Cuando yo más bien cuento las aves que veo en la ventana o las voces de los vecinos y vecinas, suena muy distinto quizás porque cada territorio es diverso acá también.
CNTV
Entre los nombramientos para cargos del nuevo gobierno de Gabriel Boric destacan los vinculados al CNTV. La presidencia quedó en manos de Faride Zerán y como parte del consejo, Daniela Catrileo. El hito tiene varias ramas, pues Catrileo será la primera mapuche dentro del consejo, en una nueva administración alejada del binominalismo de partidos. Los primeros comentarios que Catrileo compartió fueron en el medio El Desconcierto, en donde expresaba su sorpresa.
—¿De verdad te tomó por sorpresa?
—Sí. Me tomó por sorpresa porque no era un lugar en donde yo tenía pensado trabajar. Tenía pensado terminar mi tesis, ese era mi objetivo este primer semestre, y seguir trabajando en las mil cosas que hago. Entonces no es un lugar al que postulé ni en el que jamás pensé estar. Reitero que fue una sorpresa, todavía me sorprendo.
—¿Sabes cómo llegó tu nombre ahí?
—Lo que me dijeron, no sé el trasfondo, es que hubo muchos nombres que se barajaron como posibilidad de estar allí. Lo que sí sabía es que a la nueva administración le interesaba que estuviera parte de la sociedad civil y no tan couteado por partidos políticos. El CNTV es un órgano colegiado y autónomo, de todas formas; sin embargo, ha habido decisiones de quienes integran el espacio, siempre cargado a lo binominal. Es la primera vez que entran personas que no militamos en espacios; de hecho, la directora tampoco lo hace.
Catrileo ya lleva un par de semanas en el CNTV y se ha adentrado en sus dinámicas y atribuciones.
—El consejo no actúa como un espacio de censura, entonces no revisamos contenidos previos a que sean emitidos, solamente a posteriori. A cualquiera de nosotres hay cosas que no necesariamente le van a gustar de la televisión; sin embargo, eso no significa que sean cosas posibles de fiscalizar. Lo que prima es la libertad de expresión.
—¿Cómo te has sentido estas primeras semanas trabajando en el CNTV?
—Estoy aprendiendo las dinámicas, porque no sólo está esta área de fiscalización: también hay una de fondos concursables y otra que tiene que ver con el cambio de las concesionarias de la televisión analógica a la digital. Entonces son varios procesos muy engorrosos, con un lenguaje muy distinto al que quizá uno utiliza en literatura o como profesora. He estado tratando de aprender ese lenguaje, de aprender las leyes como operan bajo el CNTV, y también de qué forma se toman las decisiones ahí. Ahora, lo que me ha parecido, insisto, es que el principio es la libertad de expresión y, a pesar de que las tendencias políticas de quienes estamos allí son muy diversas, siempre prima ese principio.
COLECTIVO RANGIÑTULEWFÜ
Catrileo pertenece a este colectivo desde su creación en 2015, en que, dice, nació «impulsado por una conversación de pensar feminismos antirracistas con el movimiento mapuche». Forman el colectivo el periodista Ángel Valderrama Cayumán, la cantante Daniela Millaleo, la investigadora Doris Quirimil y la poeta que nos acompaña.
—La primera vez nos juntamos a conversar sobre varias tensiones y problemáticas que teníamos, porque la mayoría activaba espacios feministas y de disidencia sexual, pero todas éramos mapuches también y nos interesaba cómo hacer ese tejido. Al principio fue bien vanguardista en muchos sentidos, tuvimos varios problemas y discusiones también que se ampliaron por lo mismo. Problemas con el movimiento. Porque para algunas personas era muy chocante pensar que había personas mapuche que se podían autodenominar feministas y estar creando un espacio que tensionara ambas cosas.
—¿Por qué?
—Muchas lamngen no se definen como feministas y eso también ha sido largo de comprender y entender. En el fondo, prefieren otras epistemologías que estén más cercanas a las historias anticoloniales de lucha de Abya Yala que ideologías externas o foráneas. En general, las lamngen que se han identificado con los feminismos son más bien hermanas y hermanas que vienen de espacios urbanos, que han pasado por espacios universitarios. Ahí hay un choque. Ese también fue el primer choque que tuvimos nosotres, quienes empezamos el colectivo, con respecto a los espacios donde activábamos.
REVISTA YENE
Parte de las acciones del colectivo Rangiñtulewfü se ven reflejadas en la revista digital Yene, que en su página se define como «una revista digital de arte, pensamiento y escrituras de Wallmapu y Abya Yala». Daniela Catrileo recientemente publicó una reseña de la película mexicana Nudo mixteco (2021), de Ángeles Cruz, de la que a la poeta le interesa la mixtura de idiomas que se ven allí, pero también en su propia obra.
—Es un lenguaje estético que me gusta revisar y es algo que me genera cierto placer, la idea de un mundo vernacular de lenguas, donde están todas ebullendo. De alguna forma esa película, que es hermosa, habla de las disidencias sexuales dentro del mundo mixteco y de la zona periférica, de los grupos indígenas en México. Creo que tiene mucha concordancia con ciertos procesos de primeras naciones en Chile, con otros pueblos originarios. Desde el pueblo mapuche, llamarlo champurria es el término más idóneo para hablar de esa mixtura de lenguas, pero no solamente ahí. Admiro muchas obras donde eso sucede: soy muy admiradora de la obra de Gloria Anzaldúa, donde mezcla el nahual, el chicano, el inglés, el español y eso también es una forma de ejercer la estética a través de las distintas lenguas.
—¿Cómo te vas topando con estas obras?
—Sobre todo, por las búsquedas que me interesan han ido apareciendo. Gloria Anzaldúa, por ejemplo, se me apareció por el feminismo. El trabajo que ella hace con Cherríe Moraga en el mundo estadounidense es muy parecido al mundo donde los pueblos indígenas conviven en los espacios urbanos. Hay un choque identitario, existe una mixtura y a mí me interesa ver cómo eso se lleva a cabo, se registra mediante archivo, escritura o producciones artísticas.
SERIE DOCUMENTAL ARCHIPIÉLAGO
Ha terminado de grabar las entrevistas para la serie documental Archipiélago, en donde, mediante pequeñas cápsulas, pronto veremos a distintas voces mapuche que trabajan la literatura.
—La idea es que sean reflexiones en torno a la literatura mapuche como creación, como posibilidad futura y también sobre cómo se origina, desde qué cuerpos y territorios se está escribiendo literatura mapuche hoy.
La serie se estrenará a finales de septiembre y contará con capítulos dedicados a Roxana Miranda Rupailaf, Maribel Mora Curriao o Eliana Pulquillanca, entre otras.
—La última entrevistada era la lamngen Elisa Loncon, que está en la Convención hoy en día, pero que ha llevado a cabo un trabajo de revalorización del mapundungun durante muchísimo tiempo. Es alguien que ha colaborado en antologías de cuentos antiguos, que ha trabajado la transmisión oral como una memoria colectiva dentro del pueblo mapuche, y además es investigadora. Siempre me llama la atención que en algunos espacios se haga tanto esa separación entre quien escribe y quien investiga, porque para mí quien escribe, investiga, y quien investiga, escribe.
POESÍA
Le comento que, en mi trabajo como vendedor de libros en ferias, su libro Río herido siempre es una publicación que atrae lectores al momento de ser hojeado.
—¿Qué ha significado para ti la recepción de este libro?
—Yo creo que ese debiera ser el objetivo de la literatura: que el libro sea capaz de remover cuerpos, gestos, generar algo más allá de las autorías. Pero también es algo que no esperaba. Es un libro de poesía, que para mí sigue teniendo cierto hermetismo, es un libro que claramente no tuvo el objetivo de ser un libro muy recomendado, muy vendido o esas cosas. Además, a pesar de estar en un país donde se escribe harta poesía, no se lee de la misma manera que se escribe. La primera versión del libro era un adelanto para mí, muy similar a lo que pasó con El territorio del viaje. Eran más bien poemas que en un momento estaban como listos para ser un tipo de fanzine y salió ese librito, pero después ya armé un corpus que le pasé a Raúl Hernández para que lo editara.
—¿Publicas mucho de esa manera, con adelantos?
—Sí, por casualidad igual. Creo que tengo el problema, como muchos escritores y escritoras, de que nunca estén listas las cosas. También ha habido coincidencias. Gente que ha leído cosas que he armado de manera más artesanal, más a mano, con menos recursos, después han querido difundirlo de otras maneras. Eso pasó con esas dos versiones.
—¿Te gusta hacer fanzines?
—Sí, me encanta. De hecho, cuando hacía clases hacía varios talleres con niñes y es uno de los trabajos que más me gusta. Mostrar la factura entera de un libro, desde el momento en que lo pensamos hasta el momento en que lo creamos y después, cuando lo manufacturamos con nuestras manos. Pero eso también me gusta a mí crearlo. Disfruto mucho trabajando la materialidad de las cosas. Hay algo interesante en tomar esos archivos, transformarlos, diagramar, diseñar, cortar papel, cortarse los dedos.

CUENTOS
Es con Piñen (Premio Mejores Obras Literarias, categoría cuento 2020) donde Catrileo entra al área de la prosa, en un libro de cuentos sin un orden ni desarrollo hegemónico, donde se vislumbra el anterior trabajo poético de la autora al momento de armar las frases.
—¿Cómo has visto tú la manera en que han sido leídos?
—Obviamente no pensé que iba a ser acogido de esa manera. Más bien lo contrario, pensé que iba a provocar varias discusiones y quizás también posicionamientos en contra, porque es un libro que estaba compartiendo relatos fragmentados, que tampoco siguen una lógica central de cuento, donde no hay un inicio, un clímax y un final. También porque había temas que tocaba con cierta dureza y, aunque habían sido tratados en la literatura nacional, no se habían tomado específicamente algunos aspectos que a mí me parecían fundamentales, como la vida en los blocks y las vidas indígenas periféricas en las vidas urbanas. Porque en poesía sí están presentes, pero no estaban en narrativa.
Daniela Catrileo tiene una teoría de por qué el premio que recibió Piñen:
—Tengo mi propia teoría. Pienso que, sin la revuelta, el libro no habría sido premiado. Yo creo que esa transformación permitió que pudieran pensarse otras narrativas que estuvieran más a tono con los tiempos. Igual es un posicionamiento político elegir un libro como Piñen en el momento de la revuelta por los temas que abordaba, por la forma en que lo estaba diciendo. Entonces creo que hubo esa coincidencia en ese momento específico. No sé si eso hubiera pasado antes o después, creo que fue en el momento preciso. Estuvo en el momento y en el lugar indicado.
—¿Cómo surgen estos textos?
—Yo había publicado algunos relatos o textos más narrativos en revistas. Los relatos eran largos y me parecía que podían ser un conjunto. La escritura fue larga, en momentos distintos, fueron cambiando algunos personajes, pero lo que se mantuvo fue un primer impulso que es mi mamá relatándome algo que había pasado en el pasaje. Son los blocks donde todavía viven mis papás, donde yo viví casi toda mi infancia, mi adolescencia, en San Bernardo. Mi mamá me cuenta algo que pasó, que habían matado a un chico en la puerta de la casa, y a mí me hace coincidencia que ese chico podría parecerse a alguien que fue mi compañero. Entonces, muchas de estas cosas, por supuesto, las escribo en mi diario, y después las voy transformando. Pero en ese momento recuerdo que lo anoté y lo empecé a escribir más tarde, al tiempo, tratando de dejar eso ahí como una memoria, y esa memoria se fue transformando en ficción. Entonces, ese impulso del relato en los blocks me sirvió para empezar a escribir ese cuento.
Sobre el proceso de edición junto a Nicolás Meneses, comenta:
—Fue largo porque fue riguroso. Él se interesó en hacer este proyecto. Justo ese año estaba trabajando con Daniel como editor y de alguna forma coincidimos en que el Nico igual es de Buin, conoce San Bernardo, y me interesaba que él como editor conociera los paisajes que estaba mostrando en el libro. Me parecía fundamental que no fuera cuico el Nico para estar leyendo y editando el libro.
CHAMPURRIA
—¿Cómo ves el panorama literario?
—Creo que ha empezado a transformarse y empieza a haber visibilidad de otras voces. Creo que los proyectos colectivos, las revistas digitales, las editoriales independientes, permitieron diversificar un poco las voces. Ahora, a mí me sigue penando que esa visibilidad no siga ocurriendo con ciertos cuerpos o ciertos territorios. Sueño con un futuro literario donde existan las voces haitianas, afrodescendientes de distintos lugares, que aparezcan más los pueblos originarios, no solamente el pueblo mapuche. ¿Qué va a pasar mañana con la literatura del pueblo chango?, ¿sabemos algo de eso? Me hago esas preguntas. Creo que cuanto más diversos seamos quienes estamos escribiendo y a quienes les posibilitamos el lugar para escribir, puede ir cambiando las resonancias de la propia literatura nacional y horadando esa nacionalidad, champurriándola.
VALPARAÍSO, PLAYA ANCHA
—Para mí ha sido un lugar que he disfrutado y quizás eso también se va a plasmar en la escritura por venir. Igual, los territorios la escriben a una por dentro.
(*) Retratos de Kika Francisca González.



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