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Reseñas

¿Cómo hacer encajar la política en la poesía? Reseña de «Estado de emergencia», escrito por Gladys González

Chile como fenómeno, Chile sin constitución nueva, Chile en constante estado de sitio y alerta. Un país que presume de buena economía pero no es capaz de ponerse de acuerdo. ¿Cómo traer lo monstruoso a la escritura literaria?

Por Florencia Eloísa

Tres dagas en la espalda de Chile son presentadas en este libro, juntas recrean la sombra y posicionan a la autora para crear este registro escrito. Su formato es poesía, pero es, aún más, archivo de la memoria. La poeta Gladys González, ha ganado varios premios literarios, es académica, organiza la Feria Internacional del Libro de Valparaíso (FILVA) y creó la editorial Libros del Cardo. Aparece de manera intermitente en la escena cultural porteña e incluso escriben artículos sobre ella en medios digitales comentando que «González ya había tenido problemas por su ‘carácter conflictivo’ en el mundillo literario».

Como del Cardo, se posiciona fuerte, publica año tras año y desaparece en temporadas de invierno, aporta desde la maleza los nutrientes necesarios para darle vida a la tierra bajo el cemento y pincha a aquellos que se le acercan y merecen un espinazo.

Sobre el libro. Dictadura, estallido social y pandemia cruzados por el estado de sitio, dejando grietas arcillosas y secas de tanto ser pisoteadas. Prosa y poesía descriptiva, directa, nada que no sepamos. Otro más sobre dictadura con la única novedad del presente como repetición de una historia oculta que no aprende de los errores y entierra generaciones en su suelo. La generación anterior de poetas se ha preocupado de mantener la memoria viva y ha inculcado a aquellos que les siguen el canon de escritura. Escribir sobre dictadura suma puntos en concursos, dicen.

A pesar de ello, es una propuesta sólidamente construida. Tiene un tono claro y directo que a ratos deslumbra con versos como «fuimos pájaros oscuros, caníbales desgarrando en planeo su corazón» (23) y se nota el ritmo que sentencia.

En líneas generales comienza citando la ley de Pinocho, describe su memoria cruda sobre la dictadura en prosa, luego en versos el estallido social y un poema final respecto al estado de emergencia de la pandemia. Creo que es un buen ejercicio dejar por escrito lo ocurrido, permitir la existencia de un documento que muestre las atrocidades con nombre y apellido hacia personas valientes (González, 59). Pero, en lo personal, prefiero la poesía que deja entrever de a poco lo que realmente ocurre, poemas que utilizan los recursos literarios más sutiles para poder decir lo que calla la voz, textos que dejan hablar al silencio.

Prefiero leer:

«Mirar el hueco entonces —pobres humores grises

            y taimados— detener el impulso, volcarse al agujero:

            hay un rojo que brama por estallar»

                                                                       (Soledad Fariña, El primer libro)

En vez de:

            «Una familia vertida en la fosa común de un relleno sanitario. […] arreglar la fisura aparentemente, siendo parte de otras, por un tiempo, una adopción temporal, una flama fría, un vendaval de rostros sin hogar»

                                                                       (González, 16)

O leer:

            «al abrir la puerta se precipitará encima con su brillo de tajos

                        afuera hombres arrastran piedras peor que Sísifo

                        o son las cadenas de los fantasmas de salarios mínimos»

                                                                       (Elvira Hernández, El orden de los días)

En vez de:

            «al salir a la calle:

            no mirar a los ojos

            no hablar con desconocidos

            […]

            nunca, jamás hablar de política»

                                                           (González, 30)

Es cosa de gustos, son diferentes generaciones, poetas de dictadura y poetas de post dictadura que han vivido cosas similares pero a la vez muy diferentes. Son también referentes para la escritura del presente, poetas que buscan un estilo y encuentran su forma de comunicar. Antes había que pensar cómo decir para no ser encerrado o torturado, y ahora todos piden auxilio de la tortura arraigada en lo interno. Responder a la pregunta de lo político en la poesía es difícil y abre un debate eterno, una conversación llena de argumentos y autores, líneas literarias y posibilidades. Los textos se defienden por sí solos y perduran más allá del autor o autora, entonces, ¿cómo hacer que el texto sea interesante para aquellos que vendrán?, ¿cuál es la propuesta estética de un texto?

La poesía es en su complejidad, así como también es en su variedad. Elija usted.

(*) Ilustración de Vladimir Morgado.

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