Menú
Crónicas

Usando su propio cuerpo como un procesador de la realidad

In Place Valparíso: «…documenta una serie de intervenciones en el espacio público realizadas en Valparaíso, Chile, entre el 23 de noviembre y el 5 de diciembre de 2019, como parte del Encuentro Tsonami: prácticas sonoras en contextos de crisis».

Por radioactivx

El artista Jason Kahn, músico neoyorquino que reside en Zúrich; con sus volás artísticas ultra conceptuales, aterrizó en el puerto durante aquellos (oníricos, terribles y confusos) días de estallido social, haciendo un recorrido por siete puntos de la ciudad; como lo hizo en otros lugares alrededor del mundo.

«El uso del espacio como materia con la cual trabajar».

En cada uno estuvo ocho horas, «sin hacer nada», aplicando «conciencia radical», una escucha absoluta. Siendo un «imán sonoro», el señor Kahn absorbe el paisaje y mixea pensamientos entre lo que percibe y reflexiones, procesando qué ocurre a su alrededor en una ciudad en pleno descontento. «¿Cómo se puede interpretar el sólo hecho de estar en un lugar, como una práctica artística?».

«Pasar tiempo en lugares como un acto de conciencia radical es en sí mismo una forma de instalación».

La interacción entre el ser que escucha y un entorno en agitación, ruidoso por su propia existencia. La mente como sintetizador. «La idea del mundo como un objeto de nuestra percepción».

¿Si el árbol cae y nadie lo escucha, produce sonido?

El señor Kahn captura la esencia sonora de un momento, usando su propio cuerpo como un procesador de la realidad en el libro In Place Valparaíso (Tsonami Ediciones).

«La gente quiere un cambio. Quieren que sus voces sean escuchadas». Con su mirada de gringo, intenta una simbiosis con el contexto de «crisis».

«No solamente las voces del pueblo alzadas en ira y esperanza, sino los espacios sociales de Valparaíso en sí mismos». El Valparaíso cotidiano, ya sea en momento de protesta o del ritmo habitual de sus calles, «de una ciudad fluctuando a lo largo del día en toda su gloria mundana».

Yo debía hacer el mismo recorrido.

Las estatuas siempre decoran plazas y cementerios.

Plaza Victoria

Apertura de comercio. Silenciosa catedral tapiada. Recambio constante; vidrio de cientos de decenas de ventanas rotas. Los perros callejeros, el rumor punzante de la incertidumbre del mitin. Manifestaciones que surgían como un geiser breve, y luego otra, y así. Puerto cyberpunk, cubierto de metal, con las armaduras para combatir el saqueo. El señor Kahn describe esa lejana plaza, que es limpiada, pintada, en un intento torpe de maquillar los acontecimientos.

Distinta de lo que yo encuentro; a casi cinco años en el futuro. Y siento algo parecido a la nostalgia.

Maldito Jason, pienso. «¿Qué me llevaré conmigo si escucho esta lucha?», se interrogó a sí mismo. Claro, él puede venir, escuchar e irse. Y uno aquí, captando sonidos como de un aburrido preludio de quién sabe qué.

Terminal Rodoviario

«Es como estar en un capullo densamente relleno de algodón. Me siento rodeado por el tráfico constante y el profundo estruendo de tantos motores de buses». Pequeños ríos de pasajeros. Las maletas a la rastra. Gritos de los vendedores ambulantes a la salida. Un cielo habitado por drones.

Sentado en la misma banca que describe el libro; ese noviembre no es más que un recuerdo estrafalario. El congreso, libre de polvo y paja, con una reja arrogante y el sonido de las hojas agitadas por la corriente de aire.

Intento imaginarme el otro congreso, ese que se escondía tras una fortaleza improvisada, «haciendo oídos sordos al pueblo a quien, de hecho, está obligado a representar», decía el señor Kahn.

Y el trajín prosigue, como si nada hubiera pasado nunca.

Plazuela Ecuador

El fuego nocturno de Condell. Destrucción. Neumáticos. Adoquines arrancados. Jason antepone la noche anterior a su intervención. Pero la calle continúa con su rutina comercial y de transporte. Siempre ruidosa. «En definitiva una red sonora extremadamente densa y caótica».

«¿Dónde estaba todo esto ahora en la plazuela Ecuador? ¿Había entrado en una realidad paralela?». Me pregunto lo mismo. Y todo el escenario me sabe a una herida cicatrizada (o cicatrizando).

Como si los lugares se rompieran una y mil veces, y vuelta a regenerar. Un río que recupera su cauce. Resiliencia.

Plaza Bismarck

«La ciudad no se oye tanto». «Como un campo». «Aquí arriba no se huele el gas lacrimógeno. No hay cadáveres de neumáticos quemados en las calles. No hay vitrinas destrozadas. Sólo el sonido del viento en los árboles y el tráfico dando vueltas y vueltas».

Yo me encuentro sólo tranquilidad; y sí, Valparaíso no se escucha desde aquí. Un ecosistema de ruido propio, envolviendo con esa postal de fondo, de la inmensidad que se ve hasta Quintero.

El terminal es entrada y salida obligada en Valparaíso.

Parque Italia

Campanadas, el heavy metal del bar El Sektor, los Hare Krishna en alabanza con música de oriente, los autitos a pedal, gritos de los niños, una invasión de hinchas del Wanderers. «Todos estos sonidos se funden perpetuamente dentro de mi cabeza, una cámara de eco de recuerdos y momentos vividos».

«¿Dónde empieza un mundo y termina el otro?»

Oigo la propaganda de los helados York, y el chirrido de las cadenas de bicicleta. Un sordo se me acerca a pedir dinero para una fundación. Sólo hay una chica con una polera de ese equipo de legendarias pasiones. No hay cánticos. No hay batucadas. Un parque a una hora cualquiera, en un momento histórico cualquiera.

Plaza Echaurren.

Una piscina estancada de sonidos que palpita. Las clásicas polillas que acosan al afuerino pidiendo monedas; Jason Kahn parece apreciar un botadero humano, desechos de la gran comida del sistema; «la miseria», «gente que no tiene otras opciones», que se acompañan, con descontrol, y energía acumulada, de un sector antiguo, de la edad de Valpo.

A mí me chocan en la piel mariposas que no tienen miedo, las palomas pasan cerquita, igual que los viejos tambaleándose. La superposición de escenas me hace pensar que cinco años no son nada en las eras de la Tierra; pero los que percibimos el tiempo somos nosotros. Sintetizadores del universo.

El lugar de encuentro playanchino.

Plaza Waddington.

Sensación de amplitud. «Si me sitúo en el centro, tengo la impresión de que todos los sonidos son atraídos hacia mí». Luego de dos semanas para Jason Kahn y dos días para mí; se mezclan los sonidos (mi mente como sintonizador único de su experiencia y la mía). ¿Qué son cinco años en la continuidad del tiempo?

¿Qué estamos escuchando?, ¿cómo se escucha la ciudad a sí misma?

Lo único que no cambia es el cambio.

Valparaíso sonoro. No hay conclusiones. Solo ruido.

(*) Fotos de Kika Francisca González.

Sin comentarios

    Leave a Reply